viernes, 1 de agosto de 2014

CAPITULO 59




A la mañana siguiente, me arrastré hacia afuera de debajo de Pedro.


Luego de una segunda ronda de tiempo de golpeteo, cuando colapsó en mí,agotado y... Espera un segundo. 
¿Sabes en las novelas de romance, cuando ellos dicen que el chico colapsa sobre la chica, agotado y exhausto? Toma eso, agrega un vuelo transatlántico, y ahí tienes lo que le pasó a Pedro. Literalmente se desplomó sobre mí, saciado y con jet-lag. Apenas tuve tiempo para poner mi alarma antes de que 86 kilogramos de chico caliente colapsaran sobre mí y no me dejaran levantar.


Pero cuando estás semanas sin esos mismos 86 kilogramos en tu cama, la verdad es que se sintió bastante agradable dormir debajo de eso. O al menos, sólo un poco. Lo amaba, pero amaba a mis pulmones también.


Luego de atender a Olaf, rápidamente me bañé. Al momento en que ya estaba vestida, él se encontraba en su puesto en la ventana del frente, asegurándose de que el vecindario seguía ahí afuera. Poniendo mi cabello húmedo en una coleta, me tomé un momento para admirar a Pedro, durmiendo en su pijama de franela. Cabello oscuro desordenado, que mis propias manos desordenaron, caía por su frente. Nariz firme, pómulos asesinos, cuello por el que valdría la pena un par de días de pecado y labios llenos que cantaron mi nombre varias veces justo antes de que... Mmmmm.


Tomé otro momento para apreciar la obra de arte frente a mí: tendido, brazos sobre su cabeza, torso largo y delgado, y nada más que una promesa entre él y esa sábana.


Agité la cabeza para despejarme, luego crucé la habitación y me senté a su lado. En su sueño, murmuró y me buscó. Sonriendo, me dejé a mí misma ser atrapada en un somnoliento abrazo de oso, besándolo en la frente hasta que esos magníficos ojos azules se abrieron para mí.


-Buenos días, cariño. Sonreí mientras me apretaba más fuerte. 

Conocía este juego. No tenía tiempo para él .-No, no, tengo que irme. Las chicas están esperándome.  Desayuno con mis dos mejores amigas, Moni y Sofia, era algo a lo que siempre le hacía tiempo, con o sin Wallbanger.


-¿Chicas?¿Dónde crees que vas? Acabo de regresar se quejó, aún medio dormido.


-Voy a desayunar con las chicas.No se suponía que volverías hasta mañana, ¿recuerdas?


-Pero estoy aquí ahora murmuró,con los ojos luchando por mantenerse abiertos.


-Te quedas aquí y duermes un poco más. Sé que estás muy cansado susurré, besando su frente otra vez y metiéndolo de vuelta bajo las sábanas. Lo que realmente era una vergüenza, porque, vamos, ¿Pedro en una cama? Parecía un pecado cubrir eso.


Pero mientras amoldaba la almohada y se acomodaba de vuelta, se veía muy acogedor. Con un suspiro profundo, dijo: -Me quedaré aquí y dormiré un poco más.


Me tragué una carcajada mientras él se deslizaba de vuelta a la tierra del sueño


Me dirigí a la puerta principal, cabeceando hacia Olaf y poniéndome la chaqueta. -¿Todo luce bien ahí afuera hoy?  


Miró hacia afuera otra vez, luego de vuelta a mí. Pestañeó y estoy bastante segura de que se encogió de hombros.


Sonreí y dejé a mis chicos para desayunar con mis chicas.


***


-Tomaré dos huevos revueltos bien hechos, tostadas de pan integral con mantequilla de maní, una taza de bayas, y un café, por favor.


-Yo quiero la tortilla de clara de huevo con espinaca,tomates y queso feta, sin tostadas, y el batido de fresa, por favor.


-Tendré el plato grande de waffles con jarabe de arándanos y crema batida, por favor, acompañado de tocino, junto con salchichas, y una leche de chocolate. ¿Y puedo tener una porción de arroz con leche también?


Desayunaba con Moni y Sofia desde nuestro primer año en Berkeley.
Las tres nos conocíamos tan bien, tanto así que podíamos decir el humor de cada una basada en nuestras ordenes en el restaurante.


Moni y yo nos miramos con las cejas levantadas mientras Sofia ordenó y luego volvió a hacer una ciudad con los frascos plásticos. Estaba elaborado, con ya bastantes edificios. Me encogí de hombros cuando Moni inclinó la
cabeza hacia Sofia, tratando de hacerme sacar el tema.


-Paren de hablar de mí y pásenme los frascos de la mesa de allá espetó Sofia, levantando la vista de su Ciudad de Frascos. Rodé los ojos pero se los pasé.


-Aquí tienes. Asegúrate de poner un techo en el Ayuntamiento allí.  

Asentí a la reciente adición.

-No, Paula, el Ayuntamiento es ese de allí. Ahora estoy trabajando en la estación de bomberos  resopló.


Las cejas de Moni desaparecieron en la línea de su cabello. -De acuerdo, eso es todo. Estoy planeando una intervención  gimió, tratando de tirar la ciudad fuera de la mesa


-Tocas ese frasco y golpearé tu garganta,advirtió Sofia, con la boca en una severa línea.


-Señoritas, no nos pongamos violentas tan temprano, ¿de acuerdo? Ni siquiera he tenido mi café aún.dije, justo cuando el mesero trajo mi café . De acuerdo, no importa. Peleen, ustedes dos.  Reí, reclinándome en mi asiento


Sofia le sacó la lengua a Moni, que provocó una sonrisita en su pequeña cara. Moni estaba encantadora como siempre esta mañana, vestida con una minifalda a cuadros, calcetas largas y un jersey de cuello alto. Dale unas coletas y una mochila, y se vería como una escolar filipina, un traje que estoy segura que su prometido, German, amaría.


Síp, Moni y German estaban comprometidos. Como una escena de una comedia romántica con un giro, Moni y Sofia conocieron a sus caballeros de brillante armadura la misma noche. Los mejores amigos de mi Pedro, German y
Nicolas, cayeron de cabeza a los pies de mis chicas. Luego de un poco de cambios, claro está. Así que entre Josefina y Benjamín, y ahora Moni y German, la fiebre nupcial golpeó mi pequeño círculo en San Francisco.


Pero parte de mi círculo estaba roto. Destrozado, más bien.


Mientras Sofia y Moni discutían, noté de nuevo cuan cansada lucia Sofia. Ella no dormía bien, tampoco podía culparla.


Cuando nos dijo que Nicolas la engañó, no supimos qué hacer. Nuestro  primer instinto fue quemar su carro, cosa que Pedro sabiamente nos convenció de no hacer. Cargos por incendios provocados son una cosa bastante dura para que te siga toda la vida


Por un breve y loco momento consideramos irrumpir en el estudio durante una de sus transmisiones y decirle a sus espectadores que las noticias de deportes las daba un idiota infiel, pero de nuevo, cabezas más sabias prevalecieron.


Así que Moni y yo simplemente estuvimos junto a nuestra chica mientras ella se derrumbaba.



Todo comenzó cuando recibí una llamada de Sofia muy tarde, después de medianoche. Maldecía sin parar; marineros de todo el mundo habrían estado orgullosos. S lo entendía frases ocasionales como “idiota engañador” y “el descaro de esa mierda” y “sus pelotas están en mis bolsillos.” Para el tiempo en que se vino a mi apartamento y subía las escaleras, las groserías comenzaron a parar y las lágrimas caían con fiereza. Declinó mi oferta de una taza de té, tragó un poco de whiskey, y me dijo qué pasó. En el momento en que llegó Moni, todo estaba sobre la mesa.


Nicolas tuvo una cena con una antigua novia; la cena pasó a tragos de bajativo; luego los bajativos se convirtieron en besos. O un beso, dependiendo de quien contaba la historia. De cualquier modo,eso fue la causa para que ella tirara las llaves del carro por el retrete.


Todos estábamos atónitos. Se veían tan felices; encajaban perfectamente y se combinaban en la mejor de las maneras. Nicolas era el comentarista deportivo local para NBC, guapo, dulce, amable, un chico genial por todos lados. Que era
un infiel, algo que nadie vio venir.


Ella terminó con él de inmediato, furiosa. Se negó a verlo, a tomar sus llamadas, se negó a cualquier intento de tener algún contacto con él a través de Pedro o German. Estaba furiosa, luego muy triste, y ahora...


Bueno, pasaron semanas y estaba sentada en un restaurante con pijama y su fabuloso cabello rojo cayendo en mechones alrededor de su cara hinchada, sin maquillaje y siete kilos extra, y haciendo una ciudad de jarros. Una niña con prodigio musical, era una chelista en la Sinfónica de San Francisco. Una de las más hermosas y exitosas mujeres, ahora estaba haciendo nevar en la Ciudad Frasco. Dios, no, no con caspa, con paquetitos de azúcar.


-Sofia detente, detente... ¡Detente!  grité, tomando su mano y esparciendo nieve de azúcar en todos lados . Es suficiente. No más malas caras, no más esconderse. ¡Esto es ridículo!


-¡Sí! .Intervino Moni.

-En serio, esto se ha alargado demasiado. No quiero ser como Afterschool Special , pero por Dios, mujer, ¡lava tu cabello!


-¡Sí! añadió Moni.


-Eres malditamente candente, y genial, puedes tener a cualquiera. Si el estúpido de Nicolas no llega a tenerte nunca más, a quién le importa, porque eres jodidamente asombrosa,terminé.


-¡Sí, maldita sea!  Fue la contribución de Moni. 


La mesa quedó en silencio. Sofia jugó con el último paquete de azúcar, pasándolo por sus uñas, luego se detuvo para realmente mirarlas. Mordidas, ásperas, sin esmalte. Suspiró, y levantó la mirada hasta nosotras, dos grandes lágrimas rodando por sus mejillas.


-Lo odio.susurró, suspirando temblorosamente . Y lo extraño.


-Lo sabemos, cariño.dijo Moni, tomando la mano de Sofia en la de ella. 

Me incliné y le di a Sofia mi servilleta, que usó para secar sus ojos. Miró a su sudadera, arrugada y manchada.

-Creo que apesto un poco,dijo con una mueca. 

-Lo sabemos, cariño.dijo Moni otra vez, lo que sacó una sonrisa de Sofia por primera vez.


Un poco de color rosa apareció en sus mejillas. Sacó una liga de su bolso y envolvió su cabello en un moño, lejos de su cara. Miró hacia arriba mientras el mesero traía nuestra comida, sus ojos abriéndose cuando se dio cuenta de los montones de comida que encargó. Cuando él se fue, desplegó su servilleta y la puso en su regazo.

-Bien, no me revolcaré más. Lo ordené, así que lo comeré. Pero comenzando esta tarde, no revolcarse más incluye no comer más como un niño de trece años.


-Los niños de esa edad tienen que comer así. Deben mantener su fuerza por las muchas erecciones que tienen al día.dijo Moni de manera casual, separando los arándanos de las frambuesas, luego alineándolas en el lado de su
plato como pequeñas alas de cañón. Sofia y yo la miramos mientras explicaba el gran impacto de las erecciones en la vida social de los chicos de secundaria.
Como le explicó su prometido, que al parecer es un experto.
-¿Realmente German te dijo todo esto?  pregunté mientras bebía mi batido.


-Síp, dijo que a esa edad, ni por su vida podía mantener las manos fuera de sus pantalones.parloteó, ajena a la atención que la mesa de atrás nos prestaba.


-Tú y German de seguro comparten un montón  dijo Sofia, moviendo su cabeza incrédulamente mientras Moni demostraba una particular técnica que el German adolescente empleó.

-Está bien, está bien, ¡no más! protesté, agitando las manos .Es suficiente, no seré capaz de mirarlo a los ojos la próxima vez que lo vea; no más detalles de su masturbación. Cambiemos el tema. ¿Quién tiene noticias?


La sección de cotilleo del desayuno comenzó oficialmente.
-Bueno, yo comienzo. Me enteré de que el Palacio de Bellas Artes está disponible; ¡parece que mi recepción será ahí!  cantó Moni.


-Josefina me pidió dirigir el equipo de la licitación para rediseñar el Hotel Claremont en Sausalito.  

-He pasado las últimas tres semanas en una nube oscura, así que no tengo nada. ¿Pero sabían que mi cabello es lo suficientemente largo que si me inclino hacía atrás puedo sentarme en él?  ofreció Sofia.


Comimos.


-Una clienta me preguntó si me importaría organizar su colección de porno,dijo Moni.


-Quizás ordené una colección de porno a las tres de la mañana hace un par de días  dijo Sofia dentro de su sudadera.


-Pedro llegó a casa temprano anoche y me sorprendió. Así que tuve un poco de acción porno en vivo y directo.


-¿Llegó a casa temprano? Guau, eso es impresionante. Parece que últimamente ha viajado más de lo usual  comentó Moni, comiendo sus bolitas de cañón en orden alternativo. Arándano. Frambuesa.


-Sí, ha estado más ocupado de lo usual. ¿Qué puedo decir? Mi novio es el favorito en el mundo de la fotografía.  Sonreí, ruborizándome pensando en lo atractivo que se veía trabajando.


-¿Cómo ustedes hacen eso?, estar alejados tanto tiempo. Moriría si no veo a German todos los días... ¡simplemente moriría!  exclamó Moni. Arándano. Frambuesa . ¡No sé cómo no lo extrañas como una loca!


-Por supuesto que lo extraño, algunas semanas es muy duro. Pero esto quien es él es, es como siempre ha sido, y lo hacemos funcionar.
¿Honestamente? A veces es un poco genial: tengo mi tiempo, él tiene el suyo, y luego cuando está en casa, es nuestro tiempo.  Robé un poco de la crema batida de Sofia con mi dedo, evadiendo por poco su tenedor .-De todas
formas, me gusta la idea de que no somos una de esas parejas que tiene que dormir juntos cada noche. Admítanlo. ¿No extrañas a veces tener la cama toda para ti?


Moni instantáneamente comenzó a negar con la cabeza, mientras que Sofia evitó el contacto visual.


-Bien, cambio de tema otra vez. Hablemos de la boda. La boda del siglo comencé, luego di marcha atrás tan pronto como vi la mirada de Moni . Al menos hasta que Moni tome ese lugar. Hasta que lo haga, sin embargo, ¡Josefina va por ello! Y esperen hasta que vean el esmoquin de Benjamín. Buen señor, el hombre puede usar colas como si no fuera asunto de nadie.


A la mención de Benjamín todas nos animamos, incluso Sofia. La categoría de hombre mayor sexy fue creada específicamente con él en mente, y todas suspiramos juntas.


-De todos modos, tenemos que comenzar a pensar en citas para ti, joven dama. ¿A quién estás pensando llevar?  pregunté, mirando a Sofia. Se volvió blanca.


-Oh mierda, ¡ni siquiera pensé en eso! Nicolas va, ¿verdad?  preguntó, su expresión puro pánico. Miró hacia abajo a sí misma, luego levanto la mirada a nosotras . ¡Ugh, no puedo dejar que me vea así! ¿Qué va a pensar? ¡Va a creer
que estoy, como, en el suelo en un charco por él!


Moni comenzó a interceder, pero puse la mano en su brazo y negué con la cabeza mientras Sofia continuaba.


-¿Y si él lleva a alguien? Mierda, definitivamente llevará a alguien, ¿no? ¿Verdad? Eso es, ese idiota, ¿cree que puede mostrarme? ¿Qué puede tener algo mejor que yo? Demonios no, no en mi presencia. Estúpido niño grande
comentarista deportivo


La conversación entera fue hecha por Sofia sola mientras tomaba su bolso y caminaba al baño.


Una vez que se fue, tomé el resto de sus waffles y los dividí entre mi plato y el de Moni. Chocamos tenedores y tragamos por unos minutos.


-¿Crees que lleve a alguien?  pregunté. 

-Estoy segura de que sí. He tratado de preguntarle a German sobre eso, pero se cobija bajo el código de chicos, o amigos sobre chicas, o algo ridículo como eso.


-Lo mismo con Pedro.Me pregunto si ellos... me detuve cuando Sofia salió del baño.


La sudadera estaba atada alrededor de su cintura, la reveladora camiseta bien ajustada. Su cabello trenzado, el flequillo hacia atrás revelando una cara limpia y brillante. Brillo labial añadido, también un poco de rubor. La chica se veía fabulosa una vez más; simplemente no podías mantener ese tipo de belleza oculta por mucho tiempo. Pero lo que hacía que todos los hombres y más de un par de mujeres mirara dos veces eran sus doble D. Acentuada más que nunca por el nudo apretado que le hizo a su sudadera, destacando perfectamente cada D a todo su potencial.


-¿Pueden creer que estaba preocupada por ganar un poco de peso? ¡Miren cuan geniales luces mis pechos!  Anunció mientras volvía a la mesa . -Vamos al parque y escojamos unos chicos calientes. Veamos a cuantos puedo detener con estas.dijo, sacando un fajo de billetes de su bolso y tirándolo a la mesa.


No podía hacer nada más que reír mientras ella tiraba a una protestante Moni lejos de su comida. Sofia estaba de vuelta a la casa, y llevó a sus dos ayudantes lejos del restaurante.

jueves, 31 de julio de 2014

CAPITULO 58



 Oh, Dios. 


Pum. 


 Oh, Dios. 


Pum, pum.


 -Paula, no me digas esas cosas cuando estoy tan lejos. 
Pedro se rió entre dientes, su voz baja. Y siendo tan emocionante como lo era siempre.


-Tonto Pedro, estoy simplemente reaccionando a los golpes al otro lado de la pared.


-¿Quién está al otro lado de la pared?

-El tipo con el martillo. Deberías verlo. Es enorme.



-Voy a tener que pedirte que no hables sobre el martillo de otro tipo.


-Entonces, ven a casa e impresióname con el tuyo.  Me reí, cerrando la puerta de mi oficina para reducir el ruido. Sin embargo, no sería mi oficina por mucho más tiempo. Estaba haciendo mi lugar en el mundo, o al menos al final del pasillo. Esa era la causa de los golpes: la renovación de mi nuevo espacio. Una oficina más grande, la oficina de la esquina, muchas gracias, justo al lado de la de Josefina, mi jefa y propietaria de la compañía. La mejor vista de la bahía y casi dos veces el tamaño de mi antigua oficina, con una pequeña antesala para un posible futuro interno.
Algún día podría tener a algún interno. ¿Cómo era esta mi vida? 

-Estaré en casa mañana. ¿Crees que puedes mantener tus pensamientos en mi martillo hasta entonces? preguntó. 


Eché un vistazo al calendario en mi escritorio, la llegada a casa de Pedro rodeada con marcador.


-Voy a hacer mi mejor esfuerzo, cariño, pero deberías ver qué tan grueso es su cinturón de herramientas. Sin promesas.  Pedro gimió y me reí más fuerte. Me encantaba torturarlo a través de múltiples zonas horarias . Y no te olvides de mí regalo.

-¿Lo he hecho alguna vez?

-No, eres una persona muy detallista, ¿no es así?

-No te olvides de mi regalo tampoco  dijo, su voz bajando de tono de nuevo.

-El camisón rosa está listo; voy a estar en él cuando llegues a casa.


-Y luego voy a estar en él, sobre él, en virtud del mismo, voy a… ups, tengo que irme, el taxi está aquí.

-Vamos a continuar la charla sobre el camisón en persona. 

-Te amo -le dije.


-También te amo, nena  dijo, y colgó. 


Me quedé mirando el teléfono por un momento, imaginándolo al otro lado del mundo en Tokio. Solo este año, había registrado más millas de viajero frecuente que lo que la mayoría de la gente acumulaba en su vida, y ya estaba completamente reservado para el resto del año.


Todavía me encontraba sonriéndole al teléfono cuando Josefina golpeó y entró campante, luego se sentó en la esquina de mi escritorio.

-¿Tienes algo en mente, Josefina?  le pregunté, sacando un pétalo marchito del florero de rosas teñidas de coral al lado de donde ella descansaba su culo revestido en cachemira.
-Puedo ver que tienes algo en tu mente. ¿Era Pedro al teléfono? preguntó mientras le sonreía . Solo él puede hacer que tu rostro se ilumine así. 

-Lo vuelvo a decir…Tienes algo en mente, Josefina?  repetí, pinchándola muy ligeramente con mi lápiz.

-Tengo algo en mi mente que podría hacer que te ilumines aún más brillante, aunque estás de un interesante color de sopa de tomate en este momento-bromeó. 

-¿Tu prometido te encuentra tan molesta como todos los que trabajan para ti lo hacen?


-Mucho más, mucho, mucho más. ¿Lista para escuchar la gran noticia, o quieres seguir faltándome al respeto?


-Adelante  le dije con un suspiro. 

Amo a mi jefa, pero en serio tiene un gusto por lo dramático. Al igual que cuando jugó a ser casamentera el año pasado con Pedro y conmigo,haciéndose la tonta todo el tiempo. 


Pero su corazón se encontraba en el lugar correcto. 


También le pertenecía al cien por ciento, total y completamente a Benjamin, un capitalista de riesgo. Habían estado juntos durante años y finalmente atarían el nudo en unas pocas semanas, en una boda de la que todo San Francisco estaba hablando. Benjamin era un bombón certificado que hacía que mis mejores amigas y yo nos comportásemos como unas colegialas siempre que estaba cerca. Josefina sabía que todas teníamos un flechazo no-tan-secreto por su hombre, y lo usaba, a modo de broma, contra nosotras tan a menudo como era posible. Ahora ella finalmente se casaría con nuestro hombre ideal, y saldría a una luna de miel de ensueño en toda Europa.


-Entonces, ¿recuerdas el trabajo que hicimos la pasada primavera para Max Camden? ¿El paseo marítimo Victoriano que hicimos antes de que su hija se casara?

-Sí, él se lo dio como regalo de bodas. ¿Quién hace eso? 

-Max Camden, él es quién. De todos modos, es dueño del viejo Hotel Claremont en Sausalito, y está buscando una nueva empresa de diseño para actualizarlo y darle un toque moderno.


-¡Fantástico! ¿Hiciste ya tu propuesta? le pregunté, imaginando la propiedad. Justo en la calle principal en Sausalito, el Claremont había estado allí desde el comienzo del siglo pasado, uno de los pocos que sobrevivieron el
Gran Terremoto. 

-No, porque tú harás la propuesta. Serás la diseñadora en jefe de este proyecto, si lo consigues aclaró . ¿Crees que puedo tener algo como esto? ¿Justo antes de mi boda? No voy a renunciar a mi luna de miel por el trabajo; he renunciado a demasiadas vacaciones en los últimos años de por sí. 

-¿Yo? No, no, no, no estoy lista para eso, tú no estás lista para eso, ¿qué estás pensando?  balbuceé, mi corazón saltando en mi garganta. Esto era a lo grande, bebé.


-Por favor, tienes esto. Me pateó suavemente . ¿Sientes eso? Ese es mi pie, pateándote fuera del nido.

-Um, sí, he estado fuera del nido un tiempo ahora, pero esto es diferente  protesté, mordiendo mi lápiz.


El cual me arrancó de la boca. -¿De verdad crees que te daría esto si no estuvieras lista? Y dime la verdad, ¿no estás ni un poquito intrigada en lo más mínimo?


Me atrapó con eso. Siempre había querido hacer un proyecto de este tamaño. ¿Pero ser realmente la diseñadora en jefe de todo el rediseño de un hotel?

-Me doy cuenta de que estoy pidiendo mucho; de por sí, ya vas a estar dirigiendo todo por aquí mientras estoy en mi luna de miel. ¿De verdad crees que esto es demasiado para sobrellevarlo al mismo tiempo?

-Vaya… solo… vaya  le contesté, tomando una respiración profunda.


Cuando inicialmente me había preguntado si me gustaría mantener las cosas funcionando mientras ella estaba en su luna de miel, eran cosas como asegurarse de que la alarma se programara cada noche y que Romina se asegurara de pedir crema para el café. La lista había crecido de forma constante mientras proyectos más grande se apilaban, pero todavía muy manejables. ¿Ahora esto?


Dejé que la idea se asentara por un momento. ¿Podía hacer esto? Josefina parecía pensar que sí.

Mmm…


Me imaginé el hotel: gran luz, excelente ubicación, pero necesitaba una reforma importante. Ya estaba pensando en paletas potenciales cuando ella me dio un golpecito en la cabeza con su lápiz.


-Vamos, Paula.Hola dijo, agitando la mano delante de mi cara. 

Le sonreí. -Estoy dentro, vamos por ello  le dije, mi cabeza ya llena de ideas.


Me devolvió la sonrisa y me ofreció chocarle el puño.-Voy a dejarle saber al equipo que estarás presentando.

-Presentando mi vómito, lo más probable  le dije, solo bromeando a medias.

-Solo asegúrate de que coincida con las cortinas y estamos fuera de peligro. Ahora, vamos a celebrar eligiendo una canción para caminar hacia el altar.  Sacó su iPod de su bolsillo y comenzó a desplazarse a través de él. 

-¿Eso es parte de mi trabajo?


-¿Qué me complazcas? Sí, revisa tu contrato. Así que, cuando camine hacia el altar, la cancion que debería…


Nadie podía detenerla una vez que se ponía su sombrero de boda, así que me relajé un poco, a pesar de que mi mente daba vueltas. Este sí era a lo grande, bebé, pero tenía esto.

¿Cierto?


***
 
Pasé la tarde enmarcando los inicios de un modelo para Max Camden.


Mientras sacaba fotos archivadas del hotel y sus alrededores, las ideas empezaron a presentarse. Todavía no se habían formado completamente, pero hacía alusión a lo que podría ser un enfoque suficientemente interesante como para darle una oportunidad a una joven diseñadora. Sabía que la fuerza de mis ideas se vería reforzada por la reputación de Josefina; a cualquiera que era lo suficientemente buena como para trabajar con ella, generalmente se le concedía un pase de indulgencia. Sin embargo, todavía se reducía a quién tenía las mejores ideas, y quería que este concepto fuera épico. 

Aun meditando sobre el proyecto cuando giré la llave en mi puerta, oí un golpe distinto, seguido por un clic-clic-clic dirigido hacia mí.


Olaf.


Empujando a través de la puerta, recibí con los brazos abiertos a mi gato maravilla, mi pequeño pedazo de cielo felino. En un arranque de piel gris, mis tobillos estaban rodeados de ronroneos y pequeños empujones insistentes.


-Hola, chico dulce, ¿fuiste un buen niño hoy?  le pregunté,
inclinándome para rascar su sedoso pelaje.


Arqueándose en mi mano, me aseguró que sí, que era en realidad un chico dulce, y también un buen chico. 


Reprendiéndome por haberlo dejado solo durante mil años, arrulló y gorgojó, arreándome hacia la cocina.


Hablamos mientras preparaba la cena para él, que por supuesto era el propósito por el que vine al mundo, y nuestra conversación cubrió los temas regulares. Qué pájaros había visto desde la ventana el día de hoy, si alguna mota de polvo había salido de debajo de la cama, y si iba a encontrar algún juguete enterrado en la punta de mis pantuflas. No quiso responder esta última pregunta.


Una vez que su comida estuvo en su cuenco, me ignoró por completo, y me dirigí de nuevo a la habitación para ponerme algo de ropa cómoda.


Quitándome mi suéter de cuello alto, me fui a la cómoda con espejo para tomar unos pantalones de yoga. Mientras tiraba de las mangas del suéter, mi corazón saltó hasta mi garganta cuando vi el reflejo de alguien sentado en mi cama. El instinto se hizo presente y me di la vuelta, con los puños apretados, un grito listo para darle rienda suelta.


Mi cerebro solo procesó que era Pedro después de lanzar mi primer puño.


-¡Espera, espera, espera! ¡Qué demonios, Paula!  gritó mientras agarraba su mandíbula.


-¿Qué demonios, Paula? ¡Qué demonios, Pedro! ¿Qué demonios estás haciendo aquí?  le grité. 


Bueno saber que si alguna vez fuera realmente
atacada, no me congelaría.


-Llegué a casa temprano para sorprenderte se las arregló para decir,frotándose la mandíbula y haciendo una mueca.


Mi corazón aún latía en mi pecho, y mientras trataba de calmarme, me di cuenta de la maleta en la esquina. La que me había perdido cuando entré a la habitación. Bajé la mirada y vi mi suéter todavía colgando de mi cuello como una bufanda.


-¡Podría simplemente matarte! grité de nuevo, arremetiendo contra él y empujándolo sobre la cama . ¡Casi me matas del susto, idiota!


-Pensé en gritar para hacerte saber que estaba aquí, pero entonces me hubiera perdido toda la conversación con Olaf. No quise interrumpir.Sonrió debajo de mí, enganchando sus manos alrededor de mi cintura y dentro y fuera de las presillas de mi cinturón.


Me sonrojé. -¡Traidor!  grité por el pasillo . Podrías haberme avisado que alguien estaba aquí…  Eres un terrible gato vigilante!


Un maullido desinteresado flotó de vuelta.


-Difícilmente soy solo alguien. Creo que califico un poco más alto que eso,dijo al lado de mi cuello, que ahora estaba llenando con los más pequeños y ligeros besos .-Así que, ¿vas a saludar a tu novio que voló todo el camino a lo largo del mundo solo para mostrarte su martillo, o vas a pegarme otra vez?


-Todavía no lo sé; sigo un poco asustada. Mi corazón está literalmente corriendo, ¿puedes sentirlo?  le pregunté, presionando su mano sobre el lado izquierdo de mi pecho.


Solo para que pudiera sentir mi corazón. Sip. Esa es la única razón. Mi corazón estaba de hecho encantado de tener a Pedro en casa temprano; amaba un buen reencuentro romántico. Otras áreas se deleitaron también.


-Ves, ahora pensaré que estaba corriendo por mí,dijo con una risita baja, sumergiendo su nariz a lo largo de la clavícula mientras “sentía mi corazon”.


-Sigue soñando, Wallbanger ,le dije, fingiendo indiferencia. 


¿La verdad? Mi corazón ahora se encontraba en modo Pedro, y latía por él. Y hablando de golpes.


-¿Así que viniste a casa temprano para verme?  suspiré en su oído, furtivamente dejando un beso húmedo justo debajo de él. Sus manos se hundieron un poco más en mis caderas mientras se movía en la cama.


 -Lo hice.


-¿Crees que me puedes ayudar con este suéter?


-Claro.


-Y después de eso, ¿quieres mostrarme tu martillo? le pregunté a la parte delantera de su camiseta, acariciándolo, colocando mis piernas a cada lado de él. En respuesta, se presionó contra mí y me hizo sentir ese mismo martillo. Me reí entre dientes .-Mmm, ¿voy a ser clavada? 

Levantó el suéter para sacarlo, luego me desabrochó el sujetador y mis pechos se desplomaron, causando que sus ojos destellaran, y luego se centraran con precisión.No más preguntas ordenó, sentado debajo de mí mientras me atraía hacia sí.


Hice una mímica sellando mis labios justo antes de que me diera vuelta sobre mi espalda. Dios, amaba a este hombre.


Sus labios bailaron a lo largo de mi clavícula, pellizcando de vez en cuando con sus dientes de una manera que siempre supo me ponían toda caliente, rápido. Lo capté; lo había echado de menos. Arqueando mi espalda, apreté mis pechos contra él, retorciéndome y balanceándome para tener tanto contacto como fuera posible, mi piel necesitando sentir la suya. Después de un año, todavía me podía traer a mis rodillas en segundos con un solo toque, un beso, una mirada.


Me empujé contra él, volteándonos una vez más y tirando de sus pantalones vaqueros. -Fuera, ahora  le indiqué.


Cuando su cinturón estuvo fuera, sus botones desabrochados, tiré de sus vaqueros para encontrar que mi hombre no llevaba ropa interior.


Es como que él fue puesto en la tierra solo para hacerme salir de mi piel.

Metí una mano en el interior, agarrándolo con firmeza, sintiendo lo caliente que estaba; listo para llevarme a mi propio viaje alrededor del mundo.


-Joder, te extrañé  susurró, su cuerpo delgado y tenso. Me deslicé por la cama, besando y lamiendo su piel con avidez. 


Sus manos se acercaron a mi cara, sus dedos revoloteando a lo largo de mis pómulos, cepillando mi cabello hacia atrás. Así podría verme.


Lo llevé a mi boca, por completo. Sus manos se aferraron a mi cabello, manteniéndome en mi lugar, sosteniéndome exactamente como me quería.  


-Mmm, Paula gimió, empujando ligeramente. Ligeramente ni de broma, esta no era la forma en que este espectáculo se desarrollaría.


Me retiré y luego lo tomé en mi boca de nuevo, con fuerza. Usando mis manos para acariciarlo, alternando mi tacto, por lo que nunca sabría de dónde venía, utilizando mi lengua y mi boca para provocarlo y tentarlo, persuadirlo a que dijera las más dulces y sucias palabras con esa boca enviada-desde-el-cielo suya. Esa boca que sabía que iba a exigir la más dulce y sucia venganza por todo mi cuerpo.


Lo amaba de esta manera, amaba que pudiera volverlo así de loco. Pero justo antes de que llegara demasiado lejos, me levantó de su cuerpo y me quitó la ropa interior antes de que pudiera decir: oye, esas son mis bragas. 

Luego levantó mi falda, separando mis rodillas con las
suyas. Mirándome con esos penetrantes ojos de zafiro, pasó sus dedos por mí, a través de mí, haciéndome gemir y gritar y temblar y retorcerme.-Tan hermosa así ,jadeó mientras grité.


-Te necesito, Pedro…  te necesito, por favor!  Estaba lista para arrancarme los cabellos de la cabeza y lanzárselos, si creyera que así lo tendría dentro de mí más rápido.


Cualquier otro pensamiento se desvaneció mientras se deslizaba a casa.


Grueso, duro, y diez clases de fantástico fueron todo lo que supe al segundo que Pedro presionó dentro de mí.  Dios, eso es increíble  gemí, el sentimiento de él dentro de mí llenándome me abrumaba.


Y cuando nos hizo rodar para estar encima de él, y empujó con fuerza dentro de mí, fue la perfección. 

Hasta después, cuando nos acostamos en un montón de miembros sudorosos, y me preguntó si me gustaba su martillo.


Eso fue más allá de la perfección.